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Sólo para que sepan, al día siguiente duele más.

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La primera vez


Aunque el título de esta nueva entrada pueda sonar provocador, realmente me temo que la primera vez a la que me refiero no es tan placentera.

Hoy me mordió un perro, por primera vez. Un cocker viejito por suerte, con dientes ya casi romos, pero eso no evitó que me puyara la piel de la mano e incluso me clavara uno de sus romos colmillos justo bajo el dedo meñique (ay, mis herramientas de trabajo!!!). Así que, pensé, hoy me mordió un perro por primera vez, y decidí sentarme a escribir al respecto con mi puyada mano y mi meñique cojo.
Da la casualidad de que justo esta mañana había estado pensando acerca de primeras veces y cómo hay tantas a nuestra disposición. Ayer, por ejemplo, probé anchoas por primera vez, casi pruebo malta por primera vez pero al parecer los dueños de las tiendas alrededor de mi casa estaban carnavaleando, y hace unas pocas semanas probé mantequilla de maní por primera vez. 
Tal vez para ustedes resulte sorprendente que recién a estas alturas de mi vida experimente estas primeras veces que acabo de mencionar, así como tal vez a mí me resulten sorprendentes algunas de las suyas. Lo cierto es que sólo tenemos alrededor de 80 años (sí, soy una optimista) para experimentar cosas nuevas y hay tantas cosas nuevas allá afuera que comienzo a pensar en lo ridículo que es el negarse a experimentarlas sin conocimiento de causa. No probar pulpo porque se ve asqueroso, no probar edamame porque no me gustan las habichuelas (señores, no sabe igual!), y no probar ese helado azul eléctrico porque parece excremento alienígena.
Hoy me mordió un perro por primera vez y, aunque me duele la mano, ahora ya sé lo que se siente ser mordida por un perro (nuevamente agradezco que fuera un perro viejo). No es que me alegre, no soy masoquista, pero tampoco me molesta. Después de todo, siempre hay una primera vez para todo.
Ahora, ¿cómo sé si necesito puntos?
Imagen: ilustración románica de la Edad Media. Adán y Eva.

El Sustituto

Dicen que la gente suele ver las cosas bajo el prisma de a qué se dedica. Pude comprobarlo un día cuando, estando en un grupo de personas, todas profesionales de diferentes áreas, alguien preguntó si se acordaban de Carlos. “¿Cuál, el del pelito negro parado?” preguntó la peluquera. “Ah, el de los dientes chuecos!” dijo el dentista. Y así. Supongo que es difícil no ver las cosas bajo la perspectiva de lo que sabemos, después de todo sólo a través de lo que sabemos podemos buscarle sentido y explicación a las cosas.

Anoche fui a ver El Sustituto (con Angelina Jolie). Tal vez un estudiante o profesional de otra área la encuentre un perfecto ejemplo de otra cosa, pero yo la encontré un perfecto ejemplo de psicología, tanto desde la parte social como de la parte clínica. Y francamente me asusté con la perspectiva clínica.

La psicología y la psiquiatría son un arma de doble filo, y muy afilada. Esto ya lo sabía, no sólo lo he visto u oído sino vivido a través de las experiencias de una amiga cercana, pero por algún motivo ayer me impresionó aún más. Si no han visto la película, les sugiero que no sigan leyendo, pero de todos modos no voy a revelar más de lo que los avances ya hicieron. A la protagonista se le pierde el hijo. La policía, después de meses, dice haberlo encontrado y cuando se lo llevan ésta dice que ese niño no es su hijo. Por supuesto la policía es incapaz de admitir el error y después de algunas cosas logran hacerla pasar por loca y la encierran en un pabellón psiquiátrico. Y es aquí a donde quería llegar.

Una de las cosas que más recuerdo es lo que dijo una de las internas, que no estaba nada loca: Si sonríes, has perdido el contacto con la realidad y estás loca; si no sonríes, estás deprimida y estás loca; y si permaneces neutral, estás catatónica y estás loca. Una vez bajo la etiqueta de “paciente mental” la objetividad puede volverse muy difícil. Cualquier comentario, acción o sentimiento que bien pudiera tener una persona no catalogada como demente enseguida se interpreta como un acto anormal. Si lloras y gritas reclamando tus derechos, estás histérico; si lamentas tu desgracia por estar donde no debes, eres depresivo; si dices que no te pasa nada te dicen que claro que no, con una sonrisa sarcástica.

La psicología y la psiquiatría pueden hacer tanto bien como mal, y por ello hay que tener mucho cuidado. Los psicólogos y psiquiatras también son personas, y como tales también cometen los errores comunes de la psicología diaria, como ver sólo lo que apoya su teoría de que X persona está loca y no ver el resto de las cosas que le dicen que no y que no apoyan su teoría; o darle forma a los hechos, esto es deformándolos, para lograr hacerlos encajar en su diagnóstico. Así que ojo, que el que utilicemos lo que sabemos para poder explicar el mundo no quiere decir que podemos explicar el mundo utilizando lo que sabemos.

Terminando con esta nota y terminado el tema psicológico (la parte social no la comento pues no quiero arruinarles la película, sólo observen la reacción de la gente), puedo decir con toda sinceridad que la película me pareció excelente. Jolie hizo tremendo trabajo y también sus colegas, la trama estaba muy interesante, la fotografía buena y la historia siempre sorprendente. Y por cierto, me encantó el vestuario. Qué buena forma de comenzar el año, con dos películas estupendas como lo han sido ésta y El Curioso Caso de Benjamin Button, que de ser analizada necesitaría una entrada para ella sola, pero vamos, no soy crítica de cine.

Todo cambia

– Interpretado por Mercedes Sosa
(ver video)

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia el más fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
Aunque ésto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia todo cambia
Cambia todo cambia

Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente

Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana..

Era un hombre tan pobre, tan pobre, tan pobre que lo único que tenía era dinero

De las muchas paradojas que he leído o escuchado, ésta es una de las que más me ha impresionado (vea, hice verso sin hacer esfuerzo).


“Era un hombre tan pobre, tan pobre, tan pobre, que lo único que tenía era dinero”.
Hay cierta verdad amarga detrás de esa oración que me dejó francamente impresionada. Les dejo con la reflexión y con una recomendación personal: aprendan a vivir.

Proliferación de bloggadores

Soy una de ellos. Aún no sé en cuál categoría caigo, si en la de escritora frustrada que decide hacer un intento por lograr que sus textos sean leídos por un basto público (el cual sobra en internet), si en la del iluso que cree que sus pensamientos son demasiado interesantes y decide darle la oportunidad de leerlos al resto del mundo, o en la de los que quieren plasmar sus pensamientos en algún lado y no dejar que se pierdan en el limbo aquel al que van a dar los pensamientos perdidos. Tal vez es una combinación de las tres cosas, en esto debo ser sincera si queremos comenzar con el pie derecho (mano derecha sería tal vez más adecuado).

En fin, decidí convertirme en “uno de ellos” por un pensamiento en particular, pero demoré tanto encontrando una dirección de blog que no estuviera ocupada que ya no recuerdo qué es lo que quería decir. Es increíble la cantidad de blogs que existen; tantos, que las combinaciones más extrañas que se me pudieron ocurrir ya estaban tomadas (incluso supercalifragilisticoespialidoso y ciclopentanoperhidrofenantreno -sí, así de desesperada estaba). Finalmente opté por intentarlo con las palabras que desataron un incidente en clase de Psicología Experimental y, aunque ridículo, funcionó.

Así que, queridos míos, sea cual sea mi categoría de blogger, los invito a leer mis perdidos pensamientos que, después de todo, requieren energía de mi parte (sabían que pensar quema calorías?) y además nunca se sabe, tal vez por andar escribiendo se me ocurra alguna teoría y me gane un premio Nobel.