La humanidad se pierde con los años

Con “humanidad” en esta entrada no me refiero al término colectivista de humanos, sino a esa característica cálida que es tan propia de nuestra especie y que, si me preguntan, es la que hace que valgamos la pena o incluso sirvamos para algo. Los humanos no existimos sólo por existir. No somos sólo parte de una cadena alimenticia o de un equilibrio natural, tenemos cierto control sobre aquellas cosas. Ya no somos comida de leones ni agentes promotores de limpieza ecológica (todo lo contrario), hemos evolucionado tanto que, hasta cierto punto, hemos podido dominar la naturaleza y nuestro papel en la misma. Ojo, que he dicho que hasta cierto punto.
La esencia del ser humano es, entonces, su humanidad, y lo que hace que nuestra existencia valga la pena. La humanidad, ese nexo que nos une a todos y cada uno de nosotros, que regala sonrisas en momentos de desesperanza, que tiende una mano en momentos de necesidad, que da una mirada de complicidad en momentos de entendimiento, conozcamos o no a la persona con la que intercambiamos todos estos gestos. Es lo que nos hace hermosos, perfectos, conmovedores, y que puede llegar a emocionarnos hasta el punto de las lágrimas (al menos a nosotros los llorones).
Es bien sabido y mayormente por observación que a los niños se les derrama la humanidad por las orejas. No importa dónde estén, no importa si los niños a su alrededor son de otro color o incluso hablan otro idioma, los niños juegan e intercambian entre ellos sin restricciones, y aunque algunas veces podamos pensarlos egoístas (esta característica es normal en ciertas etapas, no es intrínseca) realmente los niños lo dan todo por la humanidad y hasta comparten sus galletas con niños desconocidos. La pregunta es, ¿qué pasa cuando crecen? Se convierten en agentes individualistas, donde el resto no importa y su necesidad es primero que la del resto, aún cuando esa necesidad no sea realmente tal sino un capricho que le cueste caro a otros.
¿Qué me lleva a toda esta reflexión? Acabo de ver un video, que les adjunto más abajo, donde una niña de doce o trece años nos demuestra todo aquello que, por ideal, los humanos deberían ser. ¿Cómo es posible que esa niña que aún no posee las herramientas necesarias para formar juicios objetivos y correctos en realidad forme juicios más sensatos que la mayoría de los adultos? Y en sensatos léase humanos. Entonces me pregunto, ¿será que la humanidad se pierde con la edad? ¿Está esta humanidad ligada a la inocencia y a la pérdida de la misma?
Obviamente, no podemos generalizar e imaginar que todos los niños de esa edad piensan así. Es seguro que en este caso esa niña es especial pues podemos ver que lo que habla son sus propias convicciones y que lo hace por voluntad propia. Puedo sólo esperar dos cosas: uno, que contagie al resto de los niños y que todos éstos crezcan haciendo primero y predicando después todos estos valores; y dos, que haga reflexionar a los adultos (siempre vemos estos casos, ¿o no?) y logre algún cambio al menos de manera indirecta, aunque esto lo digo casi de malagana pues para lograr ser impresionado por algo como ésto hay que, de todas maneras, tener algo de humanidad, y.. ¿la tenemos?
Ni siquiera me meto en el tema de ecología, ambiente y conservación del que la niña habla y de la absoluta razón que tiene, sino voy a hacer un post tan largo que nadie lo va a leer! Sólo les pido que escuchen bien y reflexionen.
Ahora sí, los dejo con el VIDEO, advierto que está en inglés con subtítulos en Portugués, espero sepan alguno de los dos!
Esta conferencia de Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas fue presentada en Río de Janeiro en 1992.
Foto tomada de http://israelnava.com/filosofiadigital/?p=650

Tres minutos

Cuando los perros empezaron a ladrar, las luces del callejón se iluminaron. Lo guardias lo buscaban. El chillido sordo de un gato rayado les indicó a todos que había sido una falsa alarma, así que los guardias volvieron a su juego de azar. Dominó, le llamaban. Los números les indicaban lo que su corazón deseaba y el azar les daba la esperanza de que sus deseos se cumplirían. Una esperanza vana y sin base comprobable, pero hacía felices a los corazones.


Otro ruido les llamó la atención, justo cuando el 3 y el 5 dominaban el frente. Esta vez
Ah, se quedaron cortos? Yo también! Este escrito es parte de una actividad que hicimos anoche en la clase de psicología experimental. El profesor nos pidió escribir sin parar por tres minutos acerca de lo primero que nos viniera a la mente. Por lo visto, lo primero que llegó a mi mente fue una especie de ladrón y unos guardias que hacían turno jugando dominó.
Qué es lo primero que les viene a la mente a ustedes?

Soy pan, soy paz, soy más…

Esta versión en particular es interpretada por Eva Ayllón, una de las joyas modernas de la música peruana y también una de mis cantantes favoritas. Desconozco el autor, pero es también interpretada por Mercedes Sosa.
No sé si es la melodía, los instrumentos, la letra o la combinación de todo ello lo que hace que esta canción me de escalofríos. Aquí se las comparto.
Ver video

Yo soy, yo soy, yo soy…
Soy agua, playa, cielo, casa blanca
Soy mar Atlántico, viento y América
Soy un montón de cosas santas
Mezcladas con cosas humanas…
¿Cómo te explico?

Cosas mundanas.

Soy niño, cuna, teta, techo, manta
Más miedo, cuco, grito, llanto, raza
Después mezclaron las palabras
O se escapaban las miradas.
Algo pasó, no entendí nada.

Vamos, ven dime, cuéntame
Todo lo que te está pasando ahora
Porque sino cuando está tu alma sola llora.
Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera
Nadie quiere que adentro algo se muera.
Hablar mirándose a los ojos
Sacar lo que se pueda afuera
Para que adentro nazcan cosas nuevas.

Soy pan, soy paz, soy más
Soy la que está por acá.
No quiero más de lo que puedas dar.
Hoy se te da, hoy se te quita
Igual que con la margarita;
Igual al mar, igual la vida,

la vida, la vida, la vida…

Vamos, ven dime, cuéntame
Todo lo que te está pasando ahora
Porque sino cuando está tu alma sola llora.
Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera
Nadie quiere que adentro algo se muera.
Hablar mirándose a los ojos
Sacar lo que se pueda afuera
Para que adentro nazcan cosas nuevas,

nuevas, nuevas, nuevas…
nuevas, nuevas, nuevas, nuevas…
nuevas.

En la foto, Eva Ayllón.