Poema XX

Imagina por un segundo que tus manos me dan forma;

Cada curva, cada surco, cada línea que me adorna.

 

Que tus manos en mi rostro crean mis ojos y mi boca.

Ojos que para verte abro; besos que mi boca invoca

de tus suaves labios dulces que a su reciente creación provocan.

 

Que tus manos mi cintura delimitan con paciencia,

y hasta con aires de suficiencia,

pues no hay prisa ni premura

en moldear en pasta dura

las curvas de mi inocencia.

 

Imagina, por un segundo,que tus manos me dan forma;

que tus manos a tu necesidad responden.

 

Imagina que me nombras y, al nombrarme, me transformas,

y tus ojos y caricias de mí ya no se esconden…

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Lluvia

Con tersas manos grises venda mis ojos,

matizando el mundo con tonos opacos.

A todos llega, sin importar circunstancias:

ricos o pobres, gordos o flacos.

Sus velos me acarician y se pegan en mi ropa.

Su aliento en mi rostro siembra una sonrisa.

Unos corren y se esconden, otros de ella se alejan deprisa.

Alimenta y finiquita, todo al mismo tiempo,

por su mano o la de otro.

Llena los rincones y los jarrones rotos,

y alonga mi cabello hasta mis talones.

Su tinte de magia mancha mi pergamino bicolor,

con tonos polarizados de base gris intenso.

Encharca y ahoga el dolor que por dentro corre denso.

Su canto a la noche arrulla y al día hace soñar.

Su sombra las hojas tiñe, y ellas a mis pies,

cuando las toco al caminar.

Si lloro, o no, nunca me entero;

Mis lágrimas se mezclan con sus tibias gotas.

Si lloro o me río igual me basta.

Ella consuela mis ilusiones rotas…

Knocking on heaven’s door

Foto por mí, en algún momento de mi camino que ahorita no recuerdo.

¡Quién diría que sería tan afortunada!

¡Rodeada de gente maravillosa, llena de emociones nuevas todos los días, pasión en cada cosa en mi rutina…! Con tanto amor en mi trabajo. Cantar y bailar I’ll say a little prayer for you con Ivonne y Olguita, riéndonos y divirtiéndonos pero con profundo afecto detrás de todo ello. Por otro lado, gente que me ama como si fuera mi familia; tanto que he lamentado no tener cerca a mi familia de sangre pero hoy me doy cuenta de que aunque lejos y aunque los extrañe, igualmente los tengo y la distancia me ha permitido ganar una familia doble. En eventos que, aunque aburridos por momentos, enriquecedores y que sacuden un poco mi día a día. Apasionada por mi carrera, absorbiendo cada nueva información e incorporándola a mis esquemas, que aquellas personas maravillosas de mi vida desesquematizan y vuelven a cuadrar casi con magia. Con fuentes de inspiración que se desbordan cada vez más con el pasar de los días, haciendo brotar de mí contenidos que ni sospechaba o que pesaban tanto que me costaba sacar y ahora tengo la fuerza necesaria. ¡Libre! Mi futuro brillando más que nunca, con posibilidades que antes eran sólo platónicas y pensé sólo eran posibles en mis sueños. Tanto por conquistar. Tendré que ponerme una cintita roja para el mal de ojo.

Hoy yo quiero a todo el mundo y el mundo me quiere a mí. Ding dong ding dong!

Happy Thanksgiving!

Mírame y canta

Hay canciones y hay canciones. Canciones populares y canciones doctas. Románticas y de despecho. Lentas y rápidas. Alegres y tristes. Melodiosas y estridentes.

Pero hay también canciones abstractas, silentes, que se ven sin verse y se oyen sin oírse. Canciones que ya no son meras sensaciones físicas, percepciones mentales, interpretaciones auditivas. Que no son sólo estímulos de nuestro ambiente que convertimos en impulsos eléctricos e interpretamos en nuestro cerebro, desencadenando reacciones emocionales. Canciones que escapan a nuestros sentidos tangibles.

Hay canciones que entran en nuestra alma y hacen levitar nuestro espíritu, como pequeños globos de aire caliente, y que con cada nota, cada soplido, nos dilatan hasta llenar cada pequeño espacio que queda entre todo lo demás. Un coctel de engrandecimiento espiritual y éxtasis físico; una profunda sensación de estar alcanzando la cima de algo: de una alta formación terrestre, de un blanco cúmulo de nubes, del cielo.

Son canciones que se cantan con la mirada. Que me embriagan entera cuando me miras y sonríes. Que seducen mis sentidos cuando mirándome pareces cantar, en un mudo lenguaje universal, toda aquella sabiduría milenaria de altos paralelismos espirituales, sólo para mí.

Sólo mírame y me darás el cielo.

Por aquí pasé y sentí

Debería pasar por aquí,

pensé,

así que por aquí pasé.

Conversaba el otro día con alguien en la misma onda que yo que la vida sería muy triste sin sentir. Y es que mucha gente no siente. Sentir genera cosas, trae palabras, gestos, regalos, canciones, creaciones. Sentir es como una semilla que germina y que, de algo pequeño, redondo y opaco, produce algo tierno y verde, algo que incluso luego podría ser colorido y hermoso, como las flores. Sentir cariño o ternura te hace amar a la gente y al mundo. Sentir alegría te hace rocío y difuminas esa alegría a todo tu alrededor. Sentir amor te hace capaz de conquistarlo todo, de sacar lo mejor de ti y lograr cosas más allá de tus propias capacidades. Sentir no es para ti, es para otros, es exógeno. Pero al mismo tiempo, y como los más complicados fenómenos físicos, es absolutamente tuyo. Que te llena y al mismo tiempo que vacías. Sentir es maravilloso.

Y ¿cómo concentrarte en una sola cosa, cuando hay tanto por sentir a tu alrededor? Hoy me llamaron distraida, por todo. Pero es que es imposible perderse todas las cosas maravillosas que ocurren mientras llevas a cabo tu rutina diaria. Mañana observa con cuidado a tu alrededor a lo largo del día, mientras te ocupas con las banalidades de la vida, y descubrirás decenas de submundos que corren paralelos a aquello que crees se repite sin varianzas todos los días.

Y no hay nada más hermoso que descubrir aquellas pequeñas cosas con gente que las aprecia tanto como tú.

Ahora me voy a dormir, porque siento sueño y además, ganas de soñar!

Adormecida

Sueña con rocío y prados violeta

con viento y ríos de efímera canción.

Sueña, que el mundo conspira porque Dios dice

que el cielo y la tierra no son su única creación.

Lo que viene fácil no se aprecia después.

Esas pequeñas cosas…

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Foto por mí - ¡El futuro del país!

Hoy el señor detrás de mí en la fila para pagar me ofreció un centavo para evitar que tuviera que cambiar un dólar, sin que yo dijera nada. Aún hay gente linda en mi país.

Espíritus y religiones

Religión y política: dos temas que pueden acercar o alejar a las personas.

Les habla una católica, bautizada, comulgada, pero no confirmada. Fui criada católica y aprendí a creer en Jesús, María y José; el Padre, Hijo y Espíritu santo; Santa Claus y la Navidad. No recuerdo haber creído en nada más al respecto, como por ejemplo la Semana Santa, que no guarda mucho sentido para mí. Este tipo de creencias me hacen cuestionar mucho la fe y el verdadero sentido de las creencias religiosas, pues yo, que soy muy crítica y que mi fe ha sido puesta a prueba varias veces, me doy cuenta de que incluso aquellos que se llaman a sí mismos muy creyentes, inicialmente no son más que el resultado de una religión inculcada. Por ejemplo, traigo a colación una anécdota de mi propia vida, cuando a mis cuatro años mi abuelita Betty vino de visita y me llevó a la misa en la Iglesia del Carmen. Recuerdo haber estado sentada en la silla de madera, con el cura hablando y cantando tal vez, pero sumamente distraída mirando hacia las puertas del segundo piso de la iglesia, preguntándome en qué momento iban a salir Jesús, María y José.

No sé exactamente en qué momento empecé a cuestionar mis creencias religiosas. Recuerdo que alrededor de mis nueve años apunté en un diario donde escribía mis planes futuros que de grande me convertiría a judía, no sé por qué, simplemente me gustaba. Tal vez ya podía prever un descontento con mi religión actual. Pero ni siquiera entonces creo que haya hecho una distinción importante en lo que significaba el cambio de religión y de creencias, y el llamemos rechazo de mi religión de nacimiento.

Echando para atrás y recordando, creo poder encontrar el momento preciso en que mi mundo espiritual dio un vuelco del que nunca más se recuperó. Tenía unos once años y mi primera chihuahua tuvo a su primer hijito, una hembrita marrón a la que llamamos Beauty, en honor a una perrita que tuviera mi papá de niño. Un día, cuando la perrita estaba por cumplir un mes y ya caminaba, le di de comer y luego la llevé afuera a que hiciera pupú en el jardín, para que fuera aprendiendo. Mi papá se sentó en la terraza mientras yo mantenía a la perrita en el jardín y evitaba que entrara hasta que hiciera lo suyo. Pero entonces pasó lo impensable. Yo zapateaba para que el ruido de los pies asustara a la perra y la hiciera regresar al jardín, pero ésta no se asustó…. y la pisé. La perrita no se movió. Angustiada llamé a mi papá, que la trató de revivir incluso dándole respiración en el mínimo hociquito, y aún recuerdo con un poco de angustia los gemidos del pobre animal al que debo haberle destrozado el cráneo. Yo corrí a mi cuarto y saqué el rosario que me regalaron por mi primera comunión, salí y me hinqué a rezar donde había ocurrido el accidente. Pero la perrita se murió, y dentro de mí algo se fue con ella.

A los años ya no sólo cuestionaba mi religión, sino que afirmé no creer en Dios, no creer en nada. Y así pasé muchos años, peleada con mis creencias inculcadas, enojada, lastimada. Llegué a la intelectual conclusión de que el ser humano necesitaba creer en algo superior a él, en algo que explicara las cosas que él no entiende, así como los indios americanos o los egipcios explicaban los fenómenos naturales como furia de los Dioses. El ser humano necesita tener una explicación para todo, y si no la tiene, la inventa. Por ello inventamos a Dios. Y esa fue mi doctrina religiosa por varios años.

Para mí fue absolutamente imposible negarme cualquier tipo de creencia. Todos los que me conocen saben que soy una persona muy espiritual, aunque en mi caso nunca haya casado la espiritualidad con la religiosidad. Dije ser agnóstica, creer en fuerzas como el destino, pero no en un Dios, un ser supremo. Y la verdad es que así es. Creo en las fuerzas naturales, en el karma, en la reencarnación y el crecimiento y evolución del alma. Pero siendo tan espiritual me cuesta mucho encasillar o limitar mis creencias a una religión. ¿Qué religión cree en todo lo que he mencionado? ¿Cuál cree que las almas pasan por un proceso de purificación a través de varias vidas, hasta llegar a ser absolutamente puras? ¿O cree que el vínculo entre hombre y mujer espiritualmente sagrado, incluso un beso? Y ahora que menciono esto último me doy cuenta de que muchas religiones lo mencionan, pero creo que nunca lo había entendido. Y es que una cosa es que te digan que tienes que hacer algo, y otra es que realmente así lo sientas. El asunto es que encuentro muy difícil el decir: soy parte de tal religión, y atar a mi espíritu libre a creer en algo prediseñado. Y por otro lado, estaba el asunto de no creer en Dios…

Pero después de muchos años meditando acerca de todo esto, me doy cuenta de que tal vez ése es mi Dios. Esas fuerzas, ese destino, es mi versión de Dios. No como un ser supremo, como un ente, como un personaje. Sino como eso, como una fuerza lo mueve todo, que une a las personas, que por medio de desgracias y de buena fortuna nos hace aprender lo que necesitamos para evolucionar.

Pero sigo huérfana de religión. Aunque asisto regularmente a una iglesia cristiana pues formo parte del coro de Navidad (fiesta cultural que adoro y que seguiré celebrando así termine siendo budista), y mientras más me meto en ese mundo, más me doy cuenta de que no es el mío. Hace un tiempo también me cuestioné acerca del Budismo, pues comparto su creencia en la reencarnación y el trabajo de las almas, pero nuevamente, conozco muy poco. Y respecto al judaísmo, que desde niña me ha atraído y que aún sigue haciéndome cosquillitas en la barriga, es para mí aún tierra desconocida. Por cosas del destino o de ese Dios mío del que hablo, se me presenta la oportunidad de conocer y profundizar más al respecto en este momento de transición en mi vida. Y aunque me siento reacia respecto a limitar mi ya mencionado espíritu inquieto y me asusta un poco todo lo desconocido que una nueva religión pueda traer, al mismo tiempo siento esa necesidad de pertenecer a algo, de disciplinar mis creencias, de ser parte de rituales simbólicos que encausen mi fe y me ayuden a organizarla. Y sobretodo, la necesidad de poder compartir lo que creo.

Y como según mis creencias todo pasa por alguna razón y en el momento preciso, creo que sólo me queda el mantenerme receptiva, esperar el momento en que mi alma reciba ese llamado y pueda finalmente permitir que mi espíritu llegue a un lugar al que pueda con comodidad y confianza llamar su hogar.

¡Cosas que ponen a soñar!

De nuevo Nunca

Cuando era niña por un tiempo mi mamá y yo nos íbamos a dormir escuchando un cd de Zizi Possi, Pedazo de mim creo que se llamaba. Después dejamos de hacerlo, pero desde entonces y por muchos años me canté a mí misma la primera canción del cd, Nunca, cuando no podía dormir. Ya casi no lo hago, pero veamos si esta madrugada me ayuda.

Aquí se las regalo a todos los posibles insómniatas cibernéticos.

 

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