El derecho a morir

La eutanasia ha sido y es aún un tema de acalorado debate: por un lado están los que la defienden, diciendo que todos tenemos derecho a “morir dignamente”; y por otro lado están los que la reniegan, sosteniendo que no es papel del hombre decidir nuestra propia muerte y que ésto no es más que una extremísima manifestación del individualismo contemporáneo: “mi vida es mía y hago con ella lo que yo quiera”.

La palabra “eutanasia”, etimológicamente, deriva del griego “eu” que significa bien, y “Thánatos” que se refiere a muerte. En pocas palabras, la palabra eutanasia se refiere a bien morir, o buena muerte esencialmente. Actualmente existen muchos tipos de eutanasia, por ejemplo la aplicada a niños recién nacidos con graves problemas de salud o incluso nonatos que vienen con complicaciones, pero aquí vamos a dedicarnos a la básica: el derecho o no de evitar sufrimientos insoportables o prolongar artificialmente la vida de un enfermo terminal o de una enfermedad incurable. Por supuesto, debemos dejar en claro que este “homicidio asistido” como le llaman, se da con pleno consentimiento e incluso por solicitud del paciente, y que la condición terminal o definitivamente incurable es en absoluto necesaria para la consideración de la eutanasia.

Es entendible la severidad de la negativa en contra de la eutanasia, no sólo por los temas morales o religiosos, sino por su historia. La eutanasia fue incluso ofrecida durante el régimen nazi como una forma de propaganda engañosa para eliminar minusválidos y débiles (y su intento de mejorar la raza humana tiene un término propio: eugenesia). Pero volviendo a la religión y la moral, hay una pequeña falla. Se habla de que no tenemos derecho de decidir sobre la vida de una persona, mas hacemos cualquier cantidad de increíbles procedimientos médicos para salvársela en caso de enfermedad o accidente. Salvar una vida es evitar una muerte. Y evitar una muerte es meterse con el destino. Usamos métodos anticonceptivos evitando nuevas vidas, y evitar la creación de un nuevo ser humano es meterse con el destino. Y así jugamos todos los días entre la vida y la muerte, malabareando en nuestras propias manos asuntos que en teoría sólo deberían ser sólo cosas de los dioses.

Aún así, me parece sumamente delicado el tema de acabar con una vida. Por más científica que pueda intentar ser al respecto, siento un corrientazo de mala vibra recorrer mi cuerpo al pensar en quitarle la vida a alguien o a mí misma, así sea con buenas intenciones o incluso por una petición desesperada. Un peso kármico, un desgarrón en el vestido blanco del alma. Pero por otro lado estoy plenamente consciente de las limitaciones de la medicina humana y de la innecesidad de prolongar el sufrimiento de lo inevitable, y entonces me preguntó: ¿cómo defender el concepto de la eutanasia si no estoy de acuerdo con el mecanismo?

Tal vez el punto de conflicto que hace imposible de solucionar este dilema humano no es más que la propia humanidad. La humanidad que llora por el dolor del prójimo pero que sigue reglas intangibles que mantienen su compostura interna. Hoy escribo decidida a expresar mi absoluto apoyo o rechazo a la eutanasia, y finalmente me encuentro en la misma encrucijada en la que se encuentra el resto de la gente. Tal vez pueda decir que sí, la apoyo, pues los hermosos conceptos de acabar con el dolor de alguien y de respetar su vida y lo que ese alguien decida hacer con ella me seducen, pero me lavo las manos y que alguien más lo lleve a cabo. Y francamente sostener una postura que yo misma no tomaría me parece algo cobarde. Así que debo concluir que, uniéndome al vulgo de la indiferencia –aunque indiferencia forzada, no desinteresada– debo decir finalmente que no me encuentro ni a favor ni en contra, y francamente espero no tener que decidirlo sin remedio en algún momento de mi vida.

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5 comentarios

  1. Asmodeus0428 said,

    diciembre 18, 2009 a 11:45 am

    Creo que esto nunca te lo conté. Si podemos considerar el aborto como un medio de eutanasia, entonces por mucho tiempo pensé que era correcto para quienes decidieran utilizarlo; que era su problema.

    Llego un momento en el que alguien quiso acabar con la vida de una pequeña bebé que venía en camino. La situación era tan cercana a mi que intervine. Y si bien no era culpable de ello, me senti muy responsable. Todo lo que había pensado y creído acerca del abortó, cuando llegó el momento resultó no ser cierto. Me decidí por la vida.

    Lo que intento decir es que nadie podrá decir como actuara hasta que esté en el momento de tomar esa decisión.

    Alguna vez conversamos acerca de evitarle sufrimientos innecesarios a bebés con alguna enfermedad terriblemente discapacitante que estén en camino, confío que de venir algún día, serán sanos, fuertes, felices y con una capacidad de reir y ser felices a pesar de las cosas tristes y no óptimas que los rodean. Si por algún motivo el Universo enviara a bebés bajo estas condiciones… bueno, tengo ideas de lo que podría hacer, pero como antes y como siempre, no sabré que haré hasta que esté en el momento correcto. Espero que como alivio a tan seria decisión, por lo menos esta vez no la tenga que tomar solo.

  2. scarlet said,

    enero 20, 2010 a 11:21 pm

    yo creo k solo Dios decide cuando nos vamos a morir ya dejemos de creernos el Dios de nuestra propia vida. La eutanacia es un suicidio como cualkier otro lo unico k este no duele

  3. natalia said,

    enero 20, 2010 a 11:23 pm

    la vida le pertenece a Dios y cualkiera k se la kite sea cual sea la forma ya le pertenece al diablo

  4. scarlet said,

    enero 20, 2010 a 11:24 pm

    yo creo k solo Dios decide cuando nos vamos a morir ya dejemos de creernos el Dios de nuestra propia vida. La eutanacia es un suicidio como cualkier otro lo unico k este no duele. asi k todo akel k se kite la vida aunke sea con eutanacia ya le pertenece al diablo

  5. marcela said,

    diciembre 6, 2011 a 10:58 pm

    el aborto no puede ser una forma de eutanacia joven por que para que suceda esto tiene que haber voluntad de parte del desauciado
    ubicate ok


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