Pequeña gran alma

Sueñan en los cielos las almas perdidas durante su peregrinaje entre una vida y otra. Sueñan con lo que ya ha pasado y con todo lo aprendido, mientras en sus adentros revuelan como mariposas las nuevas conexiones y nuevas estructuras que la última experiencia ha creado. Ahora son más sabias, más antiguas, y vuelven al mundo a seguir aprendiendo. Algunas recién han llegado y comienzan apenas con afán y entusiasmo su largo camino; otras han venido muchas veces, llenas de sabiduría universal y amor incandescente, listas para ayudar al resto de las almas, sobretodo las más jóvenes.

Y terminado ese largo sueño intangible y atemporal, regresan las almas a la vida. Una de ellas, tan vieja y sabia que es capaz de contemplarlo todo con la sencillez y belleza con que lo hace un niño pequeño, llega a un minúsculo país en el nuevo mundo. Un país que, a pesar de su sencillez y carencia de esa sabiduría universal, fue capaz de brindarle las herramientas para no deformar su verdadera esencia durante su crecimiento mortal, y es que su estructura y esencia son fuertes. Contemplativa desde el principio, esta pequeña alma sabe que el destino le depara cosas grandes, y es que a un alma tan rica no puede pedírsele nada que no esté a su altura. Y mediante esas grandes misiones, situaciones difíciles y paciencia frente a la ignorancia de los demás, esa pequeña alma vieja y sabia se reestructurará y seguirá creciendo, hasta que llegue el momento de partir y volver a aquel profundo sueño intangible en el que florecerá hasta regresar nuevamente para seguir trayendo bendiciones, sabiduría y amor incandescente a este mundo en desarrollo.

Almas

Las almas son trozos de esencia universal que se rompió en mil pedazos al estallar el Big Bang. Y vagaron en el vacío por billones de años, aguardando pacientes aquel momento de gloria en que por intervención divina cobraran forma y voluntad en un pedazo de tierra, siendo por fin capaces de interactuar entre ellas en búsqueda de aquellos trozos aledaños cuyas aristas se complementan. Dos almas complementarias que se encuentran se funden y forman una verdad universal más grande, fundición que, como una reacción química, despide energía e ilumina a las almas que le rodean, motivándolas así a seguir buscando sus complementos y volver a formar aquella esencia universal fragmentada. La fundición de dos almas complementarias trae luz y sabiduría; una sabiduría universal eterna que es más grande que la suma de sus partes, y lleva en consecuencia al enriquecimiento fundamental de cada una, pues ya no son más dos entes separados sino que se han convertido en uno solo, que es en sí mismo ambos y es al mismo tiempo todo.

Paseo por las nubes

Acabo de regresar de una de las mejores y más refrescantes vacaciones de mi vida. Conocí y experimenté muchísimas cosas nuevas y, sobre todo, mucha gente me hizo sentir muy querida y especial. Coincidiendo este viaje con el comienzo de un nuevo año, creo que es inevitable que aquellos cuestionamientos y reflexiones típicos de estas fechas se vean magnificados y tal vez aún más críticos en esta ocasión.

Durante estas tres semanas conocí nuevas y muy diferentes culturas, personas con perspectivas de la vida muy distintas a las que estoy acostumbrada, y sobre todo un método de acción diferente al de mi país: una acción que es la de hacer acción, llevar a cabo las cosas. Para mi espíritu bohemio fue como una bocanada de aire fresco después de haber estado críticamente sumergido y empezando a rendirse, a “civilizarse”. Esta inmersión me mantuvo en un largo impasse por varios años desde el comienzo de mi vida adulta, pues no he sabido qué hacer o más bien, no sabía que podía hacerse. Un impasse agobiante que me ha mantenido algo marchita y del que no he podido salir por no atreverme a hacer. Yo, que me atrevo a tantas cosas a menor escala, me dejé convencer de que aquí no se hace, sólo se sigue.

Así que empiezan los cuestionamientos: qué hacer, cómo hacerlo; pero esta vez con un poderoso ingrediente nuevo: el de la acción. Empiezo esta nueva década no sólo con ideas nuevas, nuevos propósitos, nuevos sentimientos y nuevos amigos, sino que empiezo decidida a cambios; a dejar de ser tan ridículamente responsable y adelantada a mi edad que caigo en una caja vacía y presconstruida que sólo me llevará a lo mismo que al resto; a atreverme a tomar riesgos y experimentar cosas nuevas; a atreverme a seguir mis sueños. Una década de cambios.

Y, como si fuera poco, hoy que termina mi peregrinaje al ver por la ventana del avión de vuelta a mi realidad, veo kilómetros y kilómetros de campos de algodón. Un denso llano de nubes, colinas suaves que suben y bajan, blancas y coposas, como peinadas con rastrillos humanos en esos parajes elevados. Y el avión volando al ras de las nubes, como si navegáramos entre ellas, y mis ojos no ven más que infinitos campos de algodón hasta desaparecer en el horizonte, iluminados por el sol brillante. Un paseo por las nubes de regreso a una nueva vida, descubriendo, una vez más y después de muchas veces en estas últimas semanas, que las casualidades no existen y que alguien más, algo más grande, está detrás de todo, dejando pistas y señales en nuestro camino.