Día de Pachamanca

Pachamama: Madre tierra. Madre que nos recibe, cría y alimenta durante toda nuestra existencia.

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Comienzo con una observación de respeto y agradecimiento a esta manifestación de Dios, que no es nuestra, sino que somos de ella. Tomamos en exceso y sin dar gracias, sin reconocer que no nos corresponde por obligación sino que se nos ofrece gentilmente, esperando de nosotros prudencia y agradecimiento así como toman con humildad el resto de las criaturas. La Tierra no es nuestra; nosotros somos de la Tierra.

Pachamanca: Olla de tierra. Preparación andina antigua, de tiempos prehispánicos, en que la comida se cocina enterrada bajo la tierra junto a piedras calientes. Un acto simbólico, si me preguntan, entregando a la tierra aquello que ella nos da antes de ingerirlo. Una especie de comida compartida, de una madre deglutando el bocado para que su hijo desdentado pueda tragarlo y alimentarse.

Hoy hicimos Pachamanca en casa de mi papá. Todos estábamos muy emocionados al respecto. No era la primera vez que hacíamos esto, hace un par de años habíamos hecho un primer intento (bueno, MI primer intento, pues ciertamente mi papá lo habrá hecho antes) y todo salió muy bien. ¿Cómo nos iría esta vez, con doce ansiosos invitados esperando deleitarse de este festín terrestre? Pienso al respecto y me entran ganas de casar este ritual con otros y hacer algo simbólico el día del árbol o de la Tierra.

La Pachamanca no es más que la cocción de alimentos en un gran hueco en la tierra bien cubierto con hojas de bijao (¿o pensaban que poníamos la comida así mismo junto a la tierra? Vamos, soy hippie y ambientalista y demases, pero tampoco se pasen) sobre las cuales se ponen piedras previamente calentadas sobre una parrilla a fuego vivo. La comida se acomoda sobre las piedras, algunas envueltas en hoja de bijao, otras directamente como las carnes (y qué delicioso rostizado que les deja). ¿Qué se cocina en una Pachamanca? Generalmente carnes de res, chancho, pollo; tubérculos como yucas, papas; plátanos y mazorcas de maíz. Esta vez cocinamos pollo, pescado (entero, envuelto en hojas de bijao como tamales), chancho, papas, yucas, papas, plátanos y mazorcas.

La comida luego se cubre con más piedras y éstas con más hojas de bijao. Sobre las hojas se ponen sacos o cualquier otro material “aislante”, y sobre éste se deposita la tierra que fue extraída del hoyo hasta cubrir todo perfectamente para que no se escape el vapor.

Hasta ahora, todo a la perfección.

Ahora a esperar tres horas y media hasta que la comida esté lista. Por supuesto, esta fue la parte más difícil.

Luego de los típicos arreglos de sacar platos, vasos y organizar las mesas y las sillas, nos dedicamos a jugar Trivial Pursuit – edición familiar. Vergonzosamente debo admitir que tuvimos que jugar con las cartas de preguntas para menores de catorce años, porque señoras y señores, las de adultos están endemoniadamente difíciles. Por cierto, yo gané =) Soy una orgullosa e inteligente adolescente.

Tres horas y veinte minutos después ya se empezaba a sentir la agitación del público. Todos de pie ululando por ahí, los niños corriendo a ver al “muertito”, voces de reclamo exclamando “¡ya son la una y media!”. Hasta que por fin la voz del comandante (mi padre) declaró que ya era el gran momento e hizo un llamado a todos los presentes hacia el jardín de atrás para presenciar el desenterramiento (¿existe esa palabra?).

Empezaron retirando suavemente la tierra de la superficie. Por supuesto, los niños querían ayudar, y cada uno tomó la herramienta que encontró por el suelo y metió la cuchara en el plato mientras los adultos pedían nerviosos “¡Suavecito, suavecito!”.

El resto de la tierra fue retirado con escoba, pues las piedras estaban tan calientes que se comieron no sólo las hojas de bijao en partes, sino que también derritieron algunos puntos de los sacos. Peligro, peligro: posible comida con tierra si las cosas no se manejan con cuidado. A este punto los niños fueron retirados y se echaron para atrás cabizbajos.

Después de mucho trabajo se logró retirar toda la comida a salvo. Ciertas salpicaditas de tierra, sí, pero eso no mataría a nadie. Algunas de las carnes se pegaron levemente a las piedras y el pollo estaba tan suave que se deshacía al agarrarlo, al igual que los plátanos maduros. ¡Pero, ah, se veía delicioso! Pusimos todos en bandejas y poco a poco lo fuimos llevando a la mesa mientras varias manos traviesas pellizcaban pedazos de carne y de yuca para dar una probadita precoz al visiblemente delicioso banquete.

Fue fabuloso ver la mesa llena de cosas y tanta gente alrededor sirviéndose, riendo animada de tan inusual práctica culinaria de la cual habían sido parte. Por supuesto, la comida no sólo se veía deliciosa, sino que sabía deliciosa. La acompañamos con ensalada de lechuga y tomate, salsas riquísimas incluida salsa huancaína que le encanta a Mery, canchita y mote que son dos tipos de maíz populares en Perú, y las infaltables sodas. Me hizo falta mi té frío; la soda últimamente para mí es como si no fuera kosher o significara cancerígeno líquido. Hey, cada uno tiene sus cosas.

La comida, como es tradicional, fue seguida por una mesa redonda, sin mesa, donde todos se recostaron lo más cómodo posible sobre las sillas para conversar. Vicky, Mery y yo decidimos seguir en contacto con la naturaleza e irnos a hacer un juego de preguntas sentadas sobre la grama en el jardín, Mery abrazando la guitarra (admítelo, nunca la tocaste realmente, jajaja). En algún momento Mery fue Cristobal Colón, Vicky fue Meryl Streep y yo Julia Roberts. Tuvimos además una pequeña sesión de fotos.

Tiempo después los niños me piden jugar béisbol y acepto, seguida por Vicky. Una forma maravillosa de terminar un lindo día, compartiendo con la risa fresca e inocente de los niños, jugando como si fuéramos uno más de ellos, mientras Mery nos observa tocando (esta vez sí) la guitarra en el jardín.
Un día en que un ritual popular gastronómico no sólo nos hizo estar en contacto con la naturaleza, sino desconectarnos de lo rutinario y soez de la vida cotidiana y volver a nuestras raíces como hijos de la Tierra.

“Taita Inti, Pachamama nayaj wawamatua
Jumaruw arthansma suma jananajataqui.” *

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“Padre Sol, Madre Tierra, soy tu hijo; sobre mis rodillas te pido por mi felicidad”. Canción en quechua.

Libélulas

Como libélulas atraviesa tu aliento mis cabellos, su aleteo susurrando palabras ininteligibles a mi oído. Tus ojos en los míos, me besa tu mirada, y mis cabellos envuelven tu rostro, elevado cada uno por las sutiles libélulas de tu aliento cálido.

Y entonces me pregunto, mientras mis manos se aferran a tus contornos de luz, si ese beso silencioso sale sólo de tu boca, o si hay dentro de él verdaderas estelas de pertenencia que llegan como enredaderas a mi corazón confundido; si esa sinapsis física momentánea traspasa los límites terrenales y se eleva a nuestra primavera en el Edén, llevándonos más cerca del paraíso prometido; si con ese gesto, a menudo banalizado, tu espíritu juega con el mío como niños inocentes y se complementan en un cerrojo secreto, liberando la energía de la creación, haciendo de los dos más que la suma de nosotros mismos y elevándonos por encima de lo meramente carnal y vacío.

O tal vez esto no es más que sólo un beso de tu boca, un elixir de placer entre los labios y la lengua. Un intercambio de pasión contenida y sin dirección alguna que te acompañará unas horas y luego se extinguirá al aire junto a las libélulas de tu aliento; libélulas que tal vez, luego de un largo viaje, lleguen nuevamente hasta mí, haciéndome recordar de repente y en el momento menos esperado aquel dulce beso de tus labios.

Tù, Humano

Tu complejidad asemeja los colores del arcoíris vistos a través de un celofán caleidoscópico: un remolino de emociones y vientos huracanados de pensamientos, que a su paso dejan huellas indelebles y eternas en las memorias de tus contemporáneos. Un pequeño gesto o pensamiento transmitidos de una generación a otra casi por accidente, haciendo de tu existencia algo perenne e infinito. Sueñas con la inmortalidad sin realizar que ésta ya es tuya, en aquel nuevo concepto o aquella frase memorable de la que alguien más se adueñó y que ahora distribuye por el mundo. Y te crees insignificante, pero sin darte cuenta has cambiado el mundo, has enriquecido a tu raza, has hecho de ese niño al otro lado del continente dentro de mil años un niño diferente gracias a esa gota de legado que hasta él llegó desde tu existencia.

La vida es corta y de sensación etérea, pues el presente nunca es nuestro y el futuro es siempre intangible, pero ésta se vuelve palpable en estas líneas de intercambio eterno entre seres humanos. Tu vida influencia miles, así como la tuya es influenciada por la de otros. No subestimes el poder de tus actos, de tus miradas, de tus pensamientos; vive utilizando tu potencial al máximo, pues nunca sabes cuándo llegará aquel momento crucial que te volverá eterno, y tampoco sabes cuándo la luz se apagará y perderás la oportunidad de encontrarlo, de seguir viviendo. Nada está absuelto de problemas, mas todo tiene solución si existe la determinación suficiente. Nadie es dueño de su propio destino, pero es al mismo tiempo responsable del encause del mismo. Sólo toma las riendas.