Entre hormigas y ronquidos

A ver, a ver. Las neuronas alborotadas por Tarzán y un chifón de naranja, además de los rompehígados de las hormigas tropicales.

Aprendí a tejer en el Cusco, pero sólo tengo lana rosada (regalo de mi prima y maestra) y no recuerdo cómo comenzar una nueva línea de tejido, así que creo que haré una bufanda de 1mm de diámetro y 10 metros de largo. A las hormigas podría gustarle.

Pasé la madrugada del viernes en el hospital con un virus andino que pasó sin visa y aún tengo sueño, pero ahora mismo sólo puedo pensar en la vida en la selva (sin hormigas) y en el ser humano libre de privaciones y disimulos de su propia humanidad. Todo gracias a Disney.

También pienso en la producción creativa que he tenido por tanto tiempo pasmada y me pregunto si la energía congelada del Ecuador, puesto que estamos entre los polos norte y sur, tendrá algo que ver. Tal vez, simplemente, este país me deprime. Ojalá tuviera realmente alma de artista y pudiera usar mi depresión para crear obras magníficas sin suicidarme, pero lastimosamente sólo tiendo parar la producción. Mis neuronas tienen sindicato y saben bien cuándo deben armar huelga.

Mi esposo, a mi lado y dormido ya, se ha acomodado en una posición extraña y está roncando más fuerte que Tarzán. Basta un gentil toque y un “mi amor, estás roncando” para solucionarlo, pero por algún motivo el rítmico gruñido parece acompañar el sonido de los engranajes de mi cabeza, funcionando después de tanto tiempo.

Creo que voy a resucitar mi blog, después de unos dos años. Tengo uno de cocina que no he podido actualizar en largo rato a causa de la boda (realmente, quién espera que esté cocinando si tenía una boda enorme por organizar) y la luna de miel, y ya iré retomando, pero hay cosas, como ésta, que no caben en un blog de cocina. Además, algunas veces uno sólo quiere expresar sus enmarañados pensamientos en la dulce y simple complejidad del castellano escrito.

Esta nota inició en el muro de Alba de Obaldía, te iba a contar un par de cosas, pero tal vez tus escritos acerca de brujas y cocalecas despertaron mi oxidado hemisferio letrado.
Con esto, me despido.

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