Libélulas

Como libélulas atraviesa tu aliento mis cabellos, su aleteo susurrando palabras ininteligibles a mi oído. Tus ojos en los míos, me besa tu mirada, y mis cabellos envuelven tu rostro, elevado cada uno por las sutiles libélulas de tu aliento cálido.

Y entonces me pregunto, mientras mis manos se aferran a tus contornos de luz, si ese beso silencioso sale sólo de tu boca, o si hay dentro de él verdaderas estelas de pertenencia que llegan como enredaderas a mi corazón confundido; si esa sinapsis física momentánea traspasa los límites terrenales y se eleva a nuestra primavera en el Edén, llevándonos más cerca del paraíso prometido; si con ese gesto, a menudo banalizado, tu espíritu juega con el mío como niños inocentes y se complementan en un cerrojo secreto, liberando la energía de la creación, haciendo de los dos más que la suma de nosotros mismos y elevándonos por encima de lo meramente carnal y vacío.

O tal vez esto no es más que sólo un beso de tu boca, un elixir de placer entre los labios y la lengua. Un intercambio de pasión contenida y sin dirección alguna que te acompañará unas horas y luego se extinguirá al aire junto a las libélulas de tu aliento; libélulas que tal vez, luego de un largo viaje, lleguen nuevamente hasta mí, haciéndome recordar de repente y en el momento menos esperado aquel dulce beso de tus labios.

Amor erótico

Cuadro: Viento, de Fito Espinosa web: http://www.fitoespinosa.com/

El amor surge cuando uno menos lo espera: en la fila del banco, en una fiesta inesperada, en un viaje lejano. El amor no obedece decoros, expectativas ni momentos adecuados; sólo ocurre. Es un clic instantáneo que te hace desviar la mirada cuando tus ojos se cruzan con los de él o ella. Un campo energético que te hace vibrar cuando te le acercas. Un deje místico que con sogas invisibles te hala a su cercanía, aunque quieras resistirte.

El amor no es un acto premeditado; no es una búsqueda del tesoro. El amor es como un don, un talento, que te toca si tienes suerte y que llega cuando menos lo esperas, como si nacieras nuevamente. No es un experimento. Nosotros somos experimentos del amor.

No es tampoco algo instantáneo, aunque así parezca haberlo dicho. El amor obedece las complicadas leyes de la física; ocurre instantáneamente, pero aún no ocurre. Es una especie de dejá vu, de sé que puedo amarte, aunque en el instante no se manifiesta como amor per se, sino como un potencial, una inocente identificación. Identificación que se basa no en apariencias, no en intelectos, no en bienes materiales; aunque pueda mágicamente basarse en una sonrisa, en un gesto, hasta en un chiste. Es una identificación que dice Yo sé que puedo amarte, que en un futuro lo hice, y si decido seguir este camino lo haré presente. O por lo contrario, que dice Sé que te amé antes, en una vida lejana, y si decido seguir este camino volveremos a vivirlo.

El amor es preciado. Es correcto. Es el sentir más hermoso. No es poseer. No es reclamar. Es tomar con humildad y dejarse tomar con entrega.

Después del amor, viene todo lo demás.