Caminando por L.A.

Hoy salí a caminar como método de distracción, pues las distracciones modernas con las que suelo contar no las tengo disponibles en este momento (léase: internet, televisión).

Lo primero que me encontré en mi adorable y helado paseo (estamos a eso de 14 grados centígrados con fuertes vientos) fue a un hombre con aspecto un poco peculiar… Y es que llevaba falda y cartera. Paré un segundo a preguntarme, lo más disimuladamente posible, si tal vez en realidad era una mujer y me había confundido, pero no, esa cara era indudablemente la cara de un hombre. Guapo, sí, pinta de italiano, pero hombre, con largo pelo color amarillo, juego de saco y falda y cartera a juego.

Un poco más adelante me encontré con un señor que usaba un parche negro en el ojo y caminaba con su perro, al cual le lanzaba una pelota de tenis mientras avanzaban. El perro esperaba ansioso la bola cada vez que se la entregaba a su amo. No pude evitar sonreír.

Llegué entonces a una pequeña zona comercial, muy pintoresca, por Westwood Boulevard. Decidí entrar a Trader Joe’s. Si no la conocen, es una tienda tipo supermercado que tiene cosas orgánicas y, digamos, alternativas, y que me parece la mejor tienda del mundo. Encontré hermosas plantas de lavanda de buen tamaño a sólo $5.99; tulipanes en pote blancos, rosados y amarillos; plantas de albaca de enormes hojas y potecitos con mezclas de hierbas como romero, tomillo, hierba buena y orégano. Además, después de revisar frutas, vegetales, comida de animalitos (ay, Brunito) y comida en general, encontré un “Arroz Chimichurri estilo peruano”, congelado, que compré por supuesto. No leí mucho los ingredientes una vez que llegué al “ají panca”, pero al menos sé que de peruano tiene por lo menos eso. También me llevé un rico jabón natural exfoliante de avena, jengibre y almendra 🙂

En el camino de regreso noté que mucha gente recorría el área en bicicleta. No me parece mala idea en lo absoluto. Hasta escuché un “ring, ring” de campanita retro. Yo, por mi parte, me regresé en bus porque, aunque no está lejos, no sé si aguantaba otra caminada en el viento helado. El bus estaba un poco alborotado por una señora que le gritaba en español a su hijita de dos años que se siente, “Párate nomás para que veas que te voy a pegar”, y la niña se paraba jajajaja. Me bajé y ya no supe qué pasó.

Empecé a caminar desde la parada de buses y me encontré con otro clásico americano: Escuché una musiquita anticuada y pensé ¡No puede ser!, y sí, miré hacia atrás y ahí estaba: ¡el camión de helados! Pensé comprarme uno sólo para aprovechar el momento, pero la verdad es que con el friecito lo que necesitaba realmente era ¡una sopa!, y pensé entonces cuánto extraño mi celular, podría haber tomado fotos de los incidentes de hoy para poder compartirlas aquí. Aunque no estoy segura de cómo hubiera hecho para tomarle foto al italiano en falda…

🙂